Cómo separar tus redes personales de tu trabajo
La checklist de higiene digital para creadoras: correos y teléfonos separados, metadatos de fotos, contactos sincronizados, sugerencias de amistad y qué revisar cada mes.
Casi ninguna identificación viene de una investigación. Viene de un puente: un correo compartido, una foto reutilizada, un contacto sincronizado. Esta es la lista para cerrar esos puentes, ordenada de lo más urgente a lo más fino.
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Las dos vidas empiezan en el correo
Todo cuelga del correo. Quien controla el correo recupera cualquier cuenta, así que ahí empieza la separación.
- Crea un correo nuevo solo para el trabajo. Que la dirección no contenga tu nombre real y que el titular de la cuenta tampoco.
- Revisa los datos de recuperación de ese correo nuevo: si pusiste tu correo personal como respaldo, acabas de construir el puente que querías evitar.
- Contraseñas distintas en cada mundo. Si algún día se filtra una base de datos, no quieres que la misma clave abra las dos vidas.
- Verificación en dos pasos en todo, y a ser posible con una app de códigos y no por SMS.
El teléfono: el puente que nadie ve
Aquí está el fallo más silencioso y el que más identificaciones provoca.
Los contactos sincronizados. Si te registras en una red con tu número personal, esa red puede sugerirte a todas las personas que tienen tu número guardado — y sugerirte a ti a todas ellas. Ese es el mecanismo exacto por el que el primo de alguien "encuentra" una cuenta que no debería.
Qué hacer:
- Un número distinto para las cuentas de trabajo. Una segunda SIM o una eSIM barata sirve.
- Desactiva la sincronización de contactos en todas las apps de la cuenta profesional.
- Revisa los permisos de la agenda: quita el acceso a las aplicaciones que no lo necesitan.
- En la configuración de privacidad, desactiva que te encuentren por número de teléfono o por correo. Esa opción existe en casi todas las redes y viene activada por defecto.
Las fotos hablan más de lo que crees
- Metadatos. Las fotos guardan datos de la cámara y, muchas veces, la ubicación GPS. Antes de publicar, quita esos datos: la mayoría de teléfonos permite desactivar la ubicación en la cámara y hay apps que limpian los archivos. Enviar por algunas aplicaciones de mensajería también los elimina, pero no cuentes con ello.
- Nunca reutilices imágenes. Una foto que ya está en tu Instagram personal se encuentra con una búsqueda inversa en segundos. Ni el fondo ni el ángulo ni el filtro cambian eso.
- Revisa el fondo antes de publicar: papeles con tu nombre, recibos, un espejo, la vista de la ventana, la matrícula de un coche, el uniforme del trabajo.
- Ojo con los reflejos. Pantallas apagadas, cristales, gafas, el metal de un grifo.
Tus cuentas personales, en modo discreto
No hace falta borrar tu vida, pero sí bajar su visibilidad:
- Pon tus cuentas personales en privado, y revisa quién está entre tus seguidores.
- Limita quién puede etiquetarte y aprueba las etiquetas antes de que aparezcan.
- Revisa las fotos antiguas donde te etiquetaron en cuentas ajenas: esas no las controlas tú.
- Quita de tu biografía personal los datos que se cruzan: tu ciudad, tu centro de estudios, tu trabajo.
- Comprueba las cuentas viejas que ya no usas. Son las peores: fotos de hace años, tu nombre completo y contraseñas débiles. Recupéralas y ciérralas.
El navegador y las sesiones
- Usa perfiles de navegador separados —o navegadores distintos— para cada vida. Evita que se te cuele la cuenta equivocada al publicar y separa el historial y las cookies.
- No inicies sesión en las cuentas de trabajo desde ordenadores compartidos o del trabajo.
- Cierra las sesiones activas que no reconozcas, en todas las plataformas, cada cierto tiempo.
Los pagos
Es un punto que se olvida y que expone directamente tu nombre legal:
- Las plataformas pagan a una cuenta a tu nombre; eso es normal y es lo correcto. Lo que hay que cuidar es qué nombre ve el suscriptor: comprueba cómo aparece tu perfil y qué concepto figura en los cargos.
- No uses la misma cuenta bancaria para cosas que se muestran públicamente.
- Si vendes o recibes propinas por otras vías, revisa qué nombre muestra cada servicio antes de usarlo. Muchos enseñan el nombre real del titular por defecto.
La lista mensual
Diez minutos al mes, con recordatorio en el calendario:
- Busca tu nombre artístico en un navegador sin sesión iniciada.
- Busca tu nombre real y comprueba que no aparece nada nuevo asociado.
- Haz una búsqueda inversa de tu foto de perfil actual.
- Revisa las sesiones activas de tus cuentas principales.
- Revisa quién tiene permisos de administrador en tus cuentas y herramientas.
- Comprueba que los correos de recuperación siguen siendo los correctos.
Y el eslabón humano
Toda esta higiene la puede tirar abajo una persona. Si trabajas con alguien —una agencia, una editora, quien te lleve los mensajes—, tu privacidad depende también de su disciplina.
Lo que debes exigir: confidencialidad firmada por todas las personas que tocan tu cuenta, accesos nominales (saber quién entra), y la obligación de retirar accesos cuando alguien deja el equipo o cuando termina la relación. Y ojo con lo básico: que nadie de ese equipo te siga desde su cuenta personal ni comente tus publicaciones.
Nosotros lo tenemos firmado por todo el equipo y explicado, con sus límites, en privacidad y anonimato. Y si dudas de qué accesos son razonables y cuáles no, está en tu agencia te pide la contraseña.
Preguntas frecuentes
¿Por qué Instagram le sugiere mi cuenta de trabajo a gente que conozco?
Casi siempre por la sincronización de contactos. Si te registras con tu número personal, la red puede sugerirte a todas las personas que tienen ese número guardado, y sugerirte a ti a todas ellas. Ese es el mecanismo exacto por el que alguien de tu entorno «encuentra» una cuenta que no debería. La solución: un número distinto para el trabajo, la sincronización de contactos desactivada y, en privacidad, quitar que te puedan encontrar por teléfono o por correo — esa opción viene activada por defecto.
¿Es suficiente con poner mis cuentas personales en privado?
Ayuda, pero no basta. Además de ponerlas en privado, revisa quién está entre tus seguidores, limita quién puede etiquetarte y aprueba las etiquetas antes de que aparezcan, mira las fotos antiguas en las que te etiquetaron en cuentas ajenas —esas no las controlas tú— y quita de la biografía los datos que se cruzan: ciudad, centro de estudios, trabajo. Y ocúpate de las cuentas viejas que ya no usas: son las peores, con fotos de hace años, tu nombre completo y contraseñas débiles.
¿Las fotos que publico revelan dónde vivo?
Pueden. Muchas guardan la ubicación GPS en sus metadatos, así que conviene desactivar la ubicación en la cámara y limpiar los archivos antes de publicar; enviarlas por algunas apps de mensajería también borra esos datos, pero no cuentes con ello. Y revisa el fondo: papeles con tu nombre, recibos, un espejo, la vista de la ventana, la matrícula de un coche, un uniforme. También los reflejos en pantallas apagadas, cristales y gafas.
¿Qué debo exigirle a quien trabaja conmigo?
Que su disciplina esté a la altura de la tuya, porque una sola persona puede tirar abajo toda tu higiene digital. Lo concreto: confidencialidad firmada por todas las personas que tocan tu cuenta, accesos nominales para saber quién entra, y la obligación de retirar accesos cuando alguien deja el equipo o cuando termina la relación. Y lo básico: que nadie de ese equipo te siga desde su cuenta personal ni comente tus publicaciones.